Con juegos de construcción nos fijamos en los espacios

Una de las áreas de conocimiento matemático que aprendemos desde la primera infancia es la relativa a las distancias y el análisis del espacio. Como adultos, no reflexionamos sobre ello, y sin embargo la habilidad de comprender el espacio que nos rodea es fundamental en nuestro día a día.

Para los niños pequeños, aproximadamente hasta los dos años, el espacio se reduce a lo que ven a su alrededor. El propio cuerpo es la referencia espacial primordial, y lo que no está en el campo de visión es como si no existiese. Entre los dos y los seis años aprenderá progresivamente a comprender otras nociones espaciales más complejas.

De hecho, al principio hay que trabajar simplemente la percepción del espacio. Su noción espacial es singular, pues por ejemplo el espacio entre dos cosas les parece más pequeño si se interpone un tercer elemento en el medio. Desde asimilar el espacio que hay en una habitación, a comprender que hay una distancia entre su casa y la escuela, y a hablar de conceptos como el barrio o la ciudad hay un largo camino.

En el proceso hay muchas tareas que se realizan en el aula cuyo objetivo principal es precisamente desarrollar la noción espacial. Esta imagen es de Trastes Poio-Pontevedra, donde la educadora del aula de 2 a 3 años ha propuesto una actividad sencilla y muy entretenida, pues dio pie a los escolares a desplazarse con libertad por distintos puntos del aula y al mismo tiempo a jugar con piezas de construcción.

La organización de este juego es sencilla: hacer líneas de distinta longitud con cinta aislante con espacio suficiente entre ellas para que los niños y niñas puedan jugar en el suelo con comodidad. Junto a cada línea, se disponen varias piezas de construcción, de tal forma que el alumno pueda disponerlas sobre la línea hasta que la cubran por completo. No será necesario usar todas las piezas para cubrir la línea.

Así  trabajamos la psicomotricidad y la lógica matemática mediante la organización de piezas sobre la línea recta. Al mismo tiempo trabajamos los conceptos corto y largo y muchos y pocos. Además de la cordinación óculo-manual, la motricidad fina y la percepción espacial, este ejercicio fomenta la atención y la concentración, así como el trabajo individual, pues el escolar ha de participar en el juego respetando las normas dentro de un grupo.