Un mural para relamerse los bigotes

Los trabajos creativos sobre un mural siempre son muy agradecidos por los escolares, porque les encanta plasmar sus propios trazos sobre una amplia superficie. El mural promueve un trabajo colaborativo en el que la propia creación se transforma junto con la de los compañeros. Nos permite un cierto rango de libertad y desplazamientos y, sobre todo, es muy divertido porque pintar siempre nos encanta, en cualquiera de las técnicas plásticas que utilicemos. Claro que, si usamos chocolate, nos encanta doblemente.

Las técnicas plásticas son muy agradables tanto por lo que respecta a su ejecución como para la vista, no en vano hay cientos de vídeos en las redes sociales que muestran el proceso de creación pictóricas en sus distintas modalidades, pues nos recreamos simplemente mirando cómo evoluciona la creación. No obstante si podemos hacerlo nosotros mismos aprovechamos todos los beneficios de esta práctica, como son la concentración, la relajación, la instrospección y la creatividad. En el caso de los niños y niñas del primer ciclo de Educación Infantil incentiva su autoestima y les conduce a un ejercicio muy importante: el de la psicomotricidad fina. Asimismo, practican la discriminación cromática.

La pintura es, por lo tanto, siempre un gran ejercicio de estimulación sensorial, tanto en relación a la vista como en lo que atañe al tacto, si como en el caso de este ejemplo se practica directamente con las manos. En esta experiencia de Trastes Los Rosales (A Coruña), se suma por supuesto el sentido del gusto. Para el regocijo del alumnado, las educadoras han propuesto la realización del mural usando chocolate con leche y chocolate blanco.

Poco tiempo estuvieron los dos colores sobre el lienzo, porque si es agradable pintar con las manos más lo es hacerlo usando chocolate templado. Mezclarlo primero y saborearlo después en los dedos fue un auténtico placer para los niños y niñas, a los que esta actividad, aunque deliciosa, les supo a poco.