Un cuento = masterclass para tu peque

En la semana en la que conmemoramos el Día Internacional del Libro dedicamos, si cabe, más tiempo del habitual, a la referencia literaria fundamental para los niños y niñas de 0 a 3 años: el cuento. Leer un cuento a un bebé o a un niño de esta edad es una labor educativa maravillosa para una enorme multiplicidad de objetivos de aprendizaje. La estimulación del lenguaje y la iniciación a la lectura son los primeros objetivos que nos vendrán a la mente, pero la exposición del alumnado a los cuentos implica un desarrollo cognitivo que va mucho más allá de estas dos áreas.

Para la etapa 0-3 años los cuentos idóneos son los que relatan historias sencillas. Para los bebés podemos valernos de libros que muestran imágenes y palabras, y posteriormente ir incorporando álbumes ilustrados con pequeñas frases. Les atraen las historias sobre la realidad cotidiana que les rodea, que es cercana a ellos y les ayuda a identificarse. Los cuentos para los más pequeñines cuentan con poco vocabulario, que suele ser repetitivo. En ocasiones tienen un gran papel las onomatopeyas, interesantes para su repetición por parte del niño. Las onomatopeyas son de gran valor para que practiquen la pronunciación y como elemento de estimulación auditiva que añade puntos de inflexión en el relato, que el auditorio disfruta con placer.

El maestro, escritor y polifacético artista Paco Abril detalla en su obra Los dones de los cuentos por qué es esencial contar cuentos a los niños y niñas desde que son bebés.

Activan la capacidad intelectual

Los cuentos son un vehículo primordial para la interiorización de nuevas palabras. El proceso de adquisición de nuevas palabras es una parte básica del desarrollo del lenguaje que está ligada al desarrollo del pensamiento, pues pensamos a través de palabras. También podemos decir que las palabras son los elementos que permiten articular nuestro pensamiento.

Identificación

Los cuentos dirigidos a niños pequeños invitan a que estos se vean reflejados en sus personajes. Los personajes asumen tareas sencillas y el alumno descubre que él también las puede realizar, o que pronto las podrá realizar. La adquisición de esta conciencia contribuye al proceso de conocimiento de sí mismo y al desarrollo de su autonomía personal. Esta área es uno de los pilares del trabajo de la educación infantil de primer ciclo, no solo desde un punto de vista físico, sino porque tiene una relación trascendental con la formación de la autoestima del menor y el fomento de su iniciativa ante situaciones o retos nuevos.

Evasión

Los cuentos trasladan al alumno a otro lugar y otra situación, aunque se pueda identificar con lo que se está contando. Cuando le contamos un cuento, el alumno tiene un momento de descanso de sus tareas cotidianas. El cuento supone un rato de entretenimiento y disfrute. Este se maximiza si se trata de un momento familiar, que añade el placer de que papá, mamá u otro pariente está dedicando un tiempo exclusivo al niño. La lectura constituye, pues, un valioso ejercicio para su bienestar emocional.

Iniciación a la lectura

Descubrir el placer de los cuentos es un paso primordial para incitar el deseo de la lectura. Los niños y niñas se fijan en las ilustraciones pero aprenden que es en el texto donde se explica lo que sucede, lo que los personajes dicen… Los pequeños ansían pasar la página para saber qué va a suceder a continuación (o para volver a escucharlo, pues les encanta repetir cuento). Sin saber leer, disfrutan manipulando los libros y viendo sus páginas, que alimentan su curiosidad. Aplaudir e incentivar este sentimiento es importantísimo, porque la curiosidad es vital para la adquisición de cualquier aprendizaje.

Educación emocional

De la mano de los cuentos el alumnado se aproxima a un amplio abanico de sentimientos, que irá identificando progresivamente en sus primeros años de vida: enfado, alegría, tristeza, sorpresa… Posteriormente descubrirá matizaciones de esos sentimientos básicos: decepción, rabia, envidia… Los niños y niñas comparten el sentimiento del personaje del cuento, y aparte de aprender a identificar dicho sentimiento, se produce un aprendizaje esencial en su socialización: la adquisición de empatía. Tener la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona es básico para el desarrollo emocional de la persona, y por lo tanto para su evolución afectiva.

Con la interiorización de las situaciones emocionales que aparecen en los cuentos se adquieren también pautas sobre el respeto a los demás, sobre lo que es correcto y lo que no.

Atención

Las educadoras saben que contar un cuento para un grupo de alumnos requiere de forma implícita su control postural. El momento de la asamblea, que celebramos en Trastes cada día en todas las aulas, trabaja sobre ello: el alumnado ha de aprender a estar quieto durante un ratito, sentado y en silencio. Ha de aprender a prestar atención a la educadora y a pedir turnos de palabra para intervenir. Hay que prestar atención en silencio cuando hablan los compañeros. Cuando contamos un cuento a niños y niñas tan pequeños captar y mantener su atención durante todo el relato es el reto de la persona lectora. Durante el proceso, los pequeños ejercitan su capacidad de atención.

Realidad y ficción

Los cuentos para el público más pequeño suelen contar con muchos elementos de ficción para su divertimento. Lo más clásico es representar a los personajes como animales. Sin embargo, los niños y niñas aprenden perfectamente a diferenciar realidad de ficción. Saben lo que es verdad y lo que es mentira.

Socialización

Las historias que transmiten los cuentos normalmente nos hablan de un personaje principal al que le suceden cosas. El protagonista interactúa con otros personajes que influyen en el transcurso de lo que sucede. En tercera persona, el alumnado aprende a diferenciar entre yo y el resto del mundo. Son particularmente interesantes en esta construcción social los álbumes ilustrados para bebés, que simplemente se limitan a presentar al niño protagonista y al resto de su familia, o sus amigos, sus mascotas, etc. El mundo es mucho más amplio que uno mismo. Esta asimilación es el primer paso para la socialización.

Conocimiento

La lectura de cuentos, bien sea autónoma o conducida por otra persona, facilita al receptor nuevos conocimientos. Estos pueden obtenerse de la propia historia que se cuenta, o bien de su propio soporte (asimilación de nuevo vocabulario, fonética, grafía, ilustraciones, etc.). Pero además el cerebro infantil establece un vínculo que pone en relación estos nuevos conocimientos con los que ya tenía. De esta forma se construye de forma progresiva su conocimiento, en las distintas áreas del pensamiento.

Imaginación

La estimulación de la creatividad es básica para los niños y niñas, pues se fundamenta en tener la capacidad de inventar algo nuevo. Mientras escuchan un cuento imaginan lo que sucede, y disfrutan cuando les interpelamos para que se anticipen a lo que va a suceder a continuación. Con el desarrollo de la imaginación crece su habilidad de análisis, relación, deducción y, en definitiva, de pensamiento.

Sobran los motivos, pues, para hacer de cada día un Día del Libro.