El aula de bebés: su primer gimnasio

Si hiciésemos, en proporción, el ejercicio diario que practica un bebé en el aula desde que tiene aproximadamente cuatro meses, estaríamos físicamente de maravilla. Al contrario de lo que mucha gente piensa, en la etapa de 0 a 1 año los niños y niñas trabajan muchísimo en el aula, incentivados por su educadora para estimular el enorme desarrollo motriz que se ha de producir en esta fase de crecimiento.

En casa tendemos a tener a los más pequeñines en plácido descanso, concediéndoles toda la atención en forma de palabras, gestos y arrumacos. Esta comunicación con el bebé resulta esencial para sentar las bases de su relación con el mundo, desde muchos puntos de vista: estimulación sensorial, desarrollo del lenguaje y, por supuesto, en relación a su desarrollo psicoafectivo. No obstante, la adquisición de fuerza muscular y de aprendizaje postural para encaminarse hacia el gateo es otro trabajo esencial en los primeros meses de vida.

Los niños y niñas que reciben una educación basada en la estimulación temprana muestran de forma progresiva grandes avances en las distintas áreas que se trabajan en el primer ciclo de la Educación Infantil: comunicación y representación; conocimiento del entorno; y conocimiento de sí mismo y autonomía personal. El desarrollo psicomotriz es clave para la evolución en las tres áreas mencionadas, puesto que de la conciencia y dominio de nuestro propio cuerpo parte nuestra relación con el espacio que habitamos. El bebé poco a poco es consciente de su cuerpo y de la interactuación que le permite con el resto de las cosas y personas que le rodean.

El ejercicio de suelo

Para poder utilizar su cuerpo con precisión, lo primero que necesita es ejercitar la musculatura, para tener la fuerza necesaria que le permita repetir los movimientos deseados una y otra vez. Por ello, la estimulación temprana del bebé requiere de forma esencial el ejercicio de suelo. El suelo será su mejor gimnasio hasta que comience a andar.

Lógicamente para poner esto en práctica el bebé ha de estar en un espacio confortable, cubierto con un tapiz. Es conveniente que la superficie sea mullida, pero al mismo tiempo con la firmeza suficiente para poder apoyarse sin perder el equilibrio. También hemos de evitar el uso de mantas sueltas o de pequeño tamaño, que se arruguen con facilidad entre sus manos o piernas. Con estas precauciones, el suelo siempre es el espacio idóneo para dejar que experimente a voluntad, puesto que evitaremos el riesgo de que se caiga. Debemos tener en cuenta que los bebés avanzan en su movilidad cada día, por eso nunca es conveniente dejarlos sin supervisión sobre una cama o sofá.

Sobre el suelo, un ejercicio básico que ha de practicar es el de estar boca abajo. Estar boca abajo conduce al niño o niña a levantar la cabeza y a mirar lo que tiene a su alrededor. Es también la postura adecuada para intentar coger algo que tenga lo suficientemente cerca. En esta posición el bebé va reforzando la musculatura de espalda, cuello, hombros y brazos. Es muy probable que al principio rechace este ejercicio en muy poquito tiempo, puesto que se cansa, como es lógico. Sin embargo, hemos de acostumbrarle a estar así a ratitos, en diferentes momentos del día.

Adquisición de fuerza y destreza

Con los días y semanas, el bebé irá adquiriendo fuerza y destreza en dicha posición. Resulta un aliciente importante situar a su alrededor objetos que despierten su interés. No es necesario que se trate de juguetes, puesto que está en un momento vital en el que tiene todo por descubrir, y por tanto todo le resulta interesante. Lo importante es que se trate de objetos con tamaño, forma y material que no supongan un peligro para el pequeño. Le interesarán especialmente aquellos que pueda agarrar o mover sin que le presenten mucha dificultad. También es un recurso muy atractivo un espejo en el que pueda verse reflejado.

Mientras está entretenido en el suelo, el bebé comienza a adquirir dominio sobre su propio cuerpo. Fruto de la curiosidad por interactuar con lo que tiene a su alrededor, iniciará movimientos de rotación y de desplazamiento, e irá adquiriendo coordinación y equilibrio. Toda esta experimentación constituirá la preparación necesaria para, cuando adquiera la madurez suficiente, entrar en la fase de gateo.

En las aulas de Trastes Centros de Educación Infantil la programación educativa para los bebés tiene esto siempre presente, y por tanto las educadoras buscan nuevas propuestas cada día para estimular a sus pequeños gimnastas. Tenemos un ejemplo en esta imagen de Trastes Poio-Pontevedra, donde la educadora creó un móvil con vasos de plástico para incentivar al alumnado a moverlos con sus piecitos.