Caminitos de harina para practicar la coordinación

El planteamiento de trabajo en nuestras aulas es siempre a través del juego, como no puede ser de otra manera para el alumnado del primer ciclo de Educación Infantil. Las educadoras saben muy bien que la originalidad y la sorpresa en el aula son claves para atrapar el interés y la curiosidad del alumnado, herramientas fundamentales para que pongan sus cinco sentidos en la actividad y se convierta en una provechosa fuente de aprendizaje.

Como sabéis, en cualquier momento podéis conectaros a través de nuestras webcams para poder seguir en directo el trabajo en el centro. En muchas ocasiones veréis a los escolares jugando, como es el caso de esta imagen. Efectivamente: ellos están jugando, pero también están ejercitando valiosas habilidades para su desarrollo personal y académico.

En este ejemplo observamos una propuesta de Trastes O Carballiño (Ourense) para ejercitar la coordinación ojo-mano. Cuando llegaron al aula tenían preparada una atractiva mesa cubierta con plástico negro, en la que se habían dispuesto tres montones de harina y varios sencillos coches de plástico de colores. La educadora les explicó que tenían que hacer caminitos de harina a lo largo de la mesa, usando para ello las ruedas de los vehículos de juguete.

Los niños y niñas disfrutan muchísimo con esta actividad, en la que se acabarán manchando y acabarán manchando bastante la estancia, todo hay que decirlo. Pero cuando una programación educativa implica ensuciar, suele obtener éxito asegurado. Los participantes se afanan en dibujar con los coches caminos blancos sobre la superficie negra. Mientras, ponen en práctica la discriminación cromática y la coordinación ojo-mano.

La educadora de vez en cuando los anima a probar con la mano contraria, y así también se trabaja la lateralidad. Este tipo de ejercicios son interesantes para poder observar la mano que tiende a ser dominante en cada escolar. No obstante, es habitual que en torno a los tres años ya sea evidente cuál es la mano que prioriza para las actividades que requieren precisión.

La coordinación ojo-mano es una habilidad en la que no pensamos en nuestra vida adulta, y que sin embargo es esencial en la infinidad de tareas que hacemos en nuestro día a día: desde introducir una llave en su cerradura, coger los cubiertos, abrochar un botón, escribir sobre una superficie, recoger algo que nos lanzan, colocar algo sobre la mesa, etc.