Estimulación sensorial y relajación a través del masaje

La cita semanal de los bebés con la sesión de masaje siempre es un éxito, porque constituye un momento especial del alumno con su educadora. Se trata de una actividad que implica mucha afectividad y que por sus características relaja al pequeño. No obstante, aunque este no se dé cuenta también contribuye a trabajar la estimulación sensorial.

El masaje infantil se caracteriza por movimientos lentos y firmes, cuya presión y duración se irá aumentando a medida que el bebé se va familiarizando con el masaje. Esta técnica puede definirse como un arte antiguo que implica una conexión profunda con el niño o niña, un arte que ayuda a comprender su lenguaje no verbal y a responderle con una escucha respetuosa. En definitiva se basa en la importancia del contacto piel con piel como herramienta de comunicación, relación y afecto entre el niño y las figuras de apego, padres y educadoras. A través de las miradas, las sonrisas, el contacto, las palabras y el juego, el tacto es un poderoso medio para el desarrollo fisiológico y psicológico del bebé.

Existen diferentes técnicas de masaje, y dentro del masaje infantil la más conocida es el masaje Shantala, denominado así por Frédérick Leboyer, obstetra francés que durante un viaje a la India observó impresionado a una madre masajeando a su bebé y decidió importar la técnica, que lleva el nombre de esa mujer, Shantala. Podéis observar con detenimiento este masaje en este vídeo original tomado por el médico que lo popularizó. En la imagen superior, de Trastes Santiago, la educadora está realizando esta técnica de masaje.

Los beneficios del masaje para el bebé

  1. Le ayuda a relajarse. Facilita un sueño profundo y de mejor calidad.
  2. Le permite conocer su propio cuerpo tomando conciencia de dónde empieza y dónde acaba e integrando sus extremidades como parte de un todo.
  3. Contribuye a aumentar su autoestima.
  4. Proporciona seguridad.
  5. Fortalece vínculos positivos con las figuras de apego que lo realizan.
  6. Le ayuda a liberar las tensiones producidas por el dolor, la angustia o la tristeza.
  7. Fomenta la comunicación con el exterior.
  8. Facilita la expresión de sus sentimientos.
  9. Fortalece su sistema inmunológico.
  10. Beneficia al sistema digestivo.
  11. Contribuye a desarrollar y mejorar el sistema respiratorio.
  12. Beneficia al sistema muscular al obtener una buena tonificación.
  13. Potencia el desarrollo del sistema neurológico.

Recomendaciones

Dado que el masaje es un momento para relajarse y disfrutar, debemos ocuparnos de que el espacio en el que se vaya a realizar contribuya a que así sea. Para eso hay que fijarse en determinados factores antes de comenzar, pues es imprescindible crear un ambiente agradable que facilite la tranquilidad y el sosiego.

  • Actitud: Lo primero que hay que tener en cuenta es el estado del adulto que va a realizar el masaje, la educadora o los papás si lo queréis poner en práctica en casa. Es necesario que su actitud sea serena, tranquila y de respeto hacia el bebé que va a recibir el masaje. Es imprescindible que la actitud del bebé también sea positiva. Si está  irritado o molesto, no será el momento oportuno para darle el masaje, y debemos dejarlo para otra ocasión.
  • Temperatura: Lo ideal a la hora de dar el masaje es que los bebés estén desnudos, por lo que si lo practicáis en casa lo idóneo es realizarlo sin pañal. (En la escuela se realiza con el pañal puesto). Esto implica que la temperatura del aula o del espacio elegido sea cálida y adecuada, ya que una temperatura muy baja podría provocar en el bebé sensación de frío y por tanto incomodidad inmediata. La temperatura ideal es en torno a los 23 grados.
  • Música: Está comprobado científicamente que la música provoca cambios en nuestro cerebro y llega a producir dopamina, un neurotransmisor clave en la sensación de placer y bienestar. Dado que la música relajante hace que en nuestro cuerpo se activen emociones positivas y sensación de tranquilidad, se considera fundamental acompañar el momento del masaje con música de fondo. Preferiblemente elegiremos música instrumental, clásica, sonidos de la naturaleza y sonidos que recuerden al latido del corazón.
  • Luz y estímulos visuales: el sentido de la vista tiene mucho que ver con lo que sentimos, si el bebé tiene a su alcance objetos que le resulten atractivos va a centrar su atención en conseguirlos y no disfrutará del masaje. Es importante que la zona en la que vayamos a realizarlo esté libre de objetos no necesarios y con luz tenue preferentemente indirecta.
  • Ruido: como mencionamos en el apartado anterior, cualquier estímulo que pueda llamar la atención del bebé debe evitarse, por tanto buscaremos un lugar silencioso. En las aulas se aprovecha el momento del descanso para aprovechar ese ambiente adecuado.
  • Joyas: Es imprescindible que la persona que va a dar el masaje tenga las manos libres de joyas, pulseras o anillos que puedan interferir en la comunicación piel con piel y lastimar al bebé.
  • Aceite: es un elemento fundamental en el masaje, ya que si no lo utilizáramos la fricción podría dañar la piel del bebé. Hay muchos tipos de aceites para masaje, entre ellos los comerciales conocidos por todos, las grandes marcas de toda la vida. Sin embargo la piel de los bebés muchas veces rechaza esos aceites procesados, ya sea por sus componentes químicos o por alguna reacción alérgica. Lo más recomendable es utilizar aceites naturales de presión en frío, sin adictivos ni químicos, ya que son hipoalergénicos y todos tienen propiedades hidratantes y nutritivas. Algunos de los más recomendados son el aceite de caléndula (que además tiene propiedades regenerativas y relajantes), almendras dulces (propiedades antiinflamatorias), nuez de albaricoque (excelente para ayudar a eliminar la costra láctea) y pepita de uva.
  • Duración: La duración va a depender sobre todo del niño o niña que recibe el masaje, de su predisposición, aceptación o rechazo, pero el tiempo estimado como ideal para un masaje infantil es de 10 a 15 minutos.