Hielo y color para sorprendernos pintando

La estimulación temprana se basa en la puesta en práctica en el aula de diversas técnicas para que los bebés y niños pequeños puedan desarrollar todo su potencial de aprendizaje, dado que está demostrado que en los 6 primeros años de vida se produce un crecimiento asombroso de las conexiones neuronales. La estimulación sensorial es uno de los ámbitos de trabajo básicos, por cuanto el desarrollo de los sentidos y la experimentación a través de ellos promueve que los niños y niñas vayan descubriendo el mundo y aprendan a interactuar con sus elementos.

La estimulación sensorial busca que los cinco sentidos experimenten nuevas percepciones, y con éstas se van multiplicando nuevas conexiones neuronales fruto de dicha experimentación. Los bebés adquieren progresivamente conocimientos derivados de la dualidad causa-efecto, pero al mismo tiempo sus sentidos se van afinando. Descubren que si levantan un objeto del suelo y lo sueltan, este se cae al suelo de nuevo. Mientras hacen este ejercicio se familiarizan con las distintas texturas y temperaturas de los objetos, escuchan los distintos sonidos que producen cuando golpean el suelo, y ejercitan la coordinación ojo mano.

Los escolares del primer curso de educación infantil (0-1 año) encuentran en los objetos cotidianos enormes posibilidades de entretenimiento, porque a través de ellos descubren novedosos caudales de información. En las aulas de Trastes Centros de Educación Infantil aprovechamos su infinito interés para brindarles cada día distintas experiencias enriquecedoras.

En esta imagen vemos un ejemplo de Trastes Eirís (A Coruña), donde una de las programaciones educativas del aula de bebés de la jornada incluía la experimentación con cubitos de hielo de colores. Manipular hielo significa una sorpresa tras otra, tanto por su temperatura como por su tacto. Sin duda hay que adquirir destreza para poder sostenerlo en la mano y moverlo a nuestro antojo sobre una superficie.

El uso de colorantes para obtener hielo de colores busca incentivar al alumno para que mueva el hielo. Interesado en las formas que se trazan ante sus ojos, el escolar insiste en el movimiento del cubito. La experimentación dura solamente unos minutos (pues de otra manera los pequeños deditos les dolerían con el frío), pero en ese breve tiempo que el niño ha jugado, el ejercicio ha capturado toda su atención.